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  • Doctor en Administración con especialidad en finanzas y economía. Ha trabajado tanto en el sector público como en el privado en los terrenos financieros y educativos. En el área académica ha sido profesor en el Tecnológico de Monterrey, Universidad de la Salle, la UNAM y actualmente se desempeña como Coordinador del Doctorado en Administración de la Universidad Iberoamericana León.

Un problema de elección: inflación reptante o inflación inercial

Para los menores de 30 años es un asunto totalmente natural, que la inflación que se registra en México sea en magnitudes menores a 10% anual. Desde el año de 1995, y a raíz de la crisis iniciada el 19 de diciembre de 1994 con el llamado “error de diciembre”, el Banco de México estableció como su prioridad el control de la inflación. Si bien la inflación de 1995 alcanzó una cifra de 51.97%, para 1996 ya se había reducido a un 27.7% y fue disminuyendo de manera gradual hasta que en los primeros 16 años de este nuevo siglo (de 2001 a 2016) alcanzó un promedio de 4.08%. Una cifra bastante aceptable y muy cómoda de manejar tanto para los consumidores, las empresas y el gobierno.

La inflación en la primera parte de ese periodo, específicamente en los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón se debía sobre todo a un fenómeno conocido como inflación reptante. Ésta se define como inflación lenta pero continua que puede ser consecuencia de aumentos en la demanda agregada y que está frenada de forma artificial por medidas de control de precios. A corto plazo resulta sostenible para la economía, pero a largo plazo produce un incremento significativo de los precios. Así, recordamos que en esos años se tenían ligeros incrementos en el precio de la gasolina, el gas, la electricidad de manera mensual, estos ligeros incrementos no producían reacción en los consumidores porque una de las características de la inflación reptante es precisamente que por su pequeña magnitud no alcanza a ser percibida de manera inmediata sino hasta después de un periodo más o menos significativo de paso del tiempo.

Recordemos que en el sexenio de Felipe Calderón, la gasolina Magna se incrementó en casi un 70%, y sin embargo no hubo mayores reacciones entre la población debido precisamente a que las modificaciones a los precios fueron de manera gradual y esto no fue percibido por la mayoría de la población. En el llamado “gasolinazo” de enero de 2017, el combustible se incrementó en términos redondos en un 20%; pero la reacción de la población en un inicio fue violenta. El descontento generalizado llevó a algunos a aprovecharse de la situación incluyendo saqueos o incrementos en los precios de otros bienes como la tortilla que pasó de 13.00 a 15.00 pesos el kilo, aduciendo que sus costos de producción se incrementarían en un 15% por el aumento en el precio de la gasolina.

Lo que llama la atención es que a seis meses de este aumento, aparentemente la población se está comenzando a acostumbrar al incremento de precios de manera generalizada sin recapacitar en que la inflación acumulada al mes de mayo fue del 6.17% medida en la primera quincena del mes.

Cuando el incremento de los precios empieza a crecer a un ritmo constante, se dice que entramos en un proceso de inflación inercial. Si el consumidor se acostumbra a este ritmo de crecimiento, resulta muy peligroso porque la gente empieza a actuar tomando de manera normal que lo que paga cada semana por las compras de su canasta de consumo se vea incrementado y entonces ya resulta muy complicado que la inflación baje. Por eso se considera a la inflación inercial como la más peligrosa de todas.

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Una definición elemental de inflación inercial dice que es un tipo de inflación causada por la misma dinámica de la inflación, por las expectativas inflacionarias. En otras palabras, es el famoso término de “La Espiral Inflacionaria” (de los años 80), que aquellos que son mayores recuerdan. Como todas las cosas suben, los trabajadores exigen aumentos, que al ser concedidos aumentan los costos de producción y, por consecuencia, incrementan los precios de los productos que a su vez generan más inflación.

La contribución más eficaz que puede hacer el Banco de México en materia de política monetaria es el control de la inflación. Y eso es precisamente lo que intenta hacer el Banco Central. La única herramienta con la que cuenta en este momento es con el movimiento en las tasas de interés. El incremento de algunos puntos base en la misma (un punto base es 1% de 1%) hace que se desestimule el consumo y siguiendo la teoría neoclásica de la economía, el exceso de oferta hará que tengamos una disminución o al menos un control en los precios.

La economía trata con problemas de elección, el gobierno actual apostó contra la inflación reptante con una serie de reformas estructurales. No tuvo los resultados esperados debido a que factores más allá de su control se lo impidieron. Ahora debe enfrentar el problema de la inflación inercial. La elección era la reptante o la inercial, tristemente estamos inmersos en esta última. Esperemos que las medidas para reducir la velocidad de los precios tengan los resultados esperados.

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