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  • MBA por la Universidad de Oregon y Lic. en Comercio Internacional por la U. de Guanajuato. Es fundador y Director de "The Primetime People", empresa de servicios especializada en retirados extranjeros. Actualmente es el Director de Desarrollo de Negocios en American Industries para la Región del Bajío. Se desempeñó como Asesor Económico en la Coordinación de Innovación del Gobierno de Guanajuato y previamente como Director General de la CICUR (Cámara de la Curtiduría). Asesor en la Incubadora del Tec de Monterrey desde 2005 y colaborador en espacios radiofónicos.

Trump y la oportunidad para México

Como pocas veces en la historia reciente, una elección en Estados Unidos acaparó con tanta magnitud el interés y la atención del mundo entero. Y no es para menos: por un lado la oferta era una candidata que representaba al “establishment” político, con una fama – bien o mal ganada – de corrupción y de favoritismos a los grandes empresarios y grupos financieros;  en la contraparte, estaba un advenedizo sin ninguna experiencia en política, magnate de los bienes raíces, con una personalidad excéntrica y con mucho reconocimiento por escándalos mediáticos y del mundo del espectáculo. Al final, todos lo sabemos, la balanza se inclinó por el segundo.

Independientemente de las dudas que generó durante su campaña (y que aún sigue generando) por un discurso basado en el nacionalismo a ultranza y el proteccionismo comercial, resultó ser un candidato atractivo a la sociedad estadounidense, sobre todo a la de la clase media-baja blanca, sin educación universitaria. En esencia, este grupo fue el que le dio el triunfo en el Colegio Electoral, no así en el voto popular en donde la ganadora fue Hillary Clinton.

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Incertidumbre porque no se sabe con certeza si todas las promesas y amenazas que hizo Trump durante su campaña se van a cumplir o no. Incertidumbre porque en caso de cumplirse, nadie sabe de qué magnitud serán las acciones que se estarán tomando. Incertidumbre, sobre todo en lo relacionado con el Tratado de Libre Comercio, porque ha habido señales encontradas entre la posibilidad de que Estados Unidos abandone el tratado o bien que por lo menos se revise a profundidad y se hagan cambios al mismo.

La verdad es que todo lo que podamos decir ahora cae precisamente en el terreno de la suposición y de los rumores. Será hasta el 20 de enero de 2017 que podamos tener una mejor idea del tipo de políticas públicas que piense implementar Trump, una vez convertido en Presidente.  Y al tener ese conocimiento, podremos entonces estar en posibilidad de a su vez nosotros reaccionar contra esas medidas.

Sin embargo, mi reflexión va más allá. Dicen que las épocas de crisis son a veces las mejores oportunidades para hacer un cambio radical en nuestra manera tradicional de hacer las cosas.  Creo que aunque no es precisamente una crisis lo que estaremos viviendo, sí será con toda seguridad una etapa turbulenta y de redefiniciones no solamente con Estados Unidos, sino con el resto del mundo y con nosotros mismos.

Y en este sentido es, en mi punto de vista, en donde México puede tratar de tomar oportunidad de esta coyuntura económica – política que estaremos viviendo. ¿Por qué no aprovechar esta situación para profundizar nuestros lazos económicos con otras regiones, marcadamente Europa y Asia?  ¿Por qué no encontrar caminos que le permitan a nuestros ciudadanos dejar de emigrar a Estados Unidos y que por el contrario, se queden en el país que los vio nacer, aportando su trabajo y su talento?  ¿Por qué no incentivar en mayor medida el consumo de lo hecho en México favoreciendo así a los productores nacionales y generando un círculo económico virtuoso?  ¿Por qué no viajar más por México?  ¿Por qué no apoyar con todo y en serio la generación y el desarrollo de la innovación a través de Universidades, programas Gubernamentales, etc? ¿Por qué no hacer más convenios de intercambio y colaboración con Universidades de muchas otras regiones del mundo y no solamente con EU?  En conclusión, ¿por qué no dejar de ser tan fatalistas casi asumiendo que no hay mundo ni vida sin el TLC y más bien pensamos que depende de nuestros talentos, capacidades, habilidades, aptitudes y actitud lo que nos puede hacer salir adelante?

No soy ingenuo, reconozco la grandísima co-dependencia que tiene México con Estados Unidos en términos económicos, turísticos, comerciales, etc.  Pero que le pregunten a Corea del Sur, a Singapur, a Irlanda cómo alcanzaron los niveles de bienestar de los que ahora gozan después de haber estado en peores condiciones de las que tenía México. Y ninguno de ellos, por cierto, es vecino de Estados Unidos.

Sí, efectivamente, el 20 de enero comenzará una nueva etapa en Estados Unidos que seguramente redefinirá la visión que tenemos del mundo. La elección ya terminó, los resultados ya están dados y nada lograremos quejándonos o “preparándonos para lo peor”. Mejor preparémonos para lo mejor, hagamos lo que nos toca, preocupémonos por lo que sí podemos cambiar y mejorar. Y en esa tarea, todos y cada uno de nosotros, desde nuestra trinchera, seguramente podemos aportar mucho a ese México que deseamos, independientemente de si el Presidente de Estados Unidos es una señora con historial de corrupción o un megalómano egocéntrico sin experiencia política alguna.

Ojalá que convirtamos a ese 20 de enero del 2017 en una fecha de replanteamiento de lo que queremos como país, como sociedad y como individuos.  

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